Introducción a la unidad

Muchos y variados son los carismas dentro de la Iglesia y dentro de esta riqueza alguno decidimos vivir nuestro ser cristiano dentro del carisma propio de una Cofradía.
Por eso, sin olvidar la importancia solemne del Bautismo, nuestro ingreso en la Cofradía se manifiesta en modo singular, en tanto le decimos a Dios que queremos vivir nuestra fe bajo un tinte particular, el de cofrades.
Así, no es raro en la celebración donde se realizan las promesas de los nuevos hermanos, el Guión de la Cofradía, una mesa, al pie del altar, cubierta de solemne terciopelo escoltando una bandeja de plata, portando las medallas que nos harán participes de esa forma particular de vivir nuestra fe, y que nos harán respetar los Estatutos de la Cofradía, con nuestros derechos y obligaciones.
No es que le demos más importancia a esos Estatutos que a los Evangelios, pero “esos Estatutos” son los que nos ayudan a vivir los Evangelios a nuestro modo cofrade.
Paradojicamente, al lado de estos símbolos, a lo mejor anticuados, cada día más jovenes deciden vivir su vida cristiana en el seno de una cofradía.